
Nuestra lealtad es para con nosotros mismos, nuestros
amigos, nuestros nuevos aliados y conocidos y hasta compañeros de batalla. Las empresas
que no juegan un papel en este mundo, tampoco tienen futuro.
El CM actualmente se ha convertido en la representación de los oídos de la empresa, ya que
es él quien está atento a los reclamos, dudas y otras necesidades que puedan surgir en una
comunidad a medida que se promociona una marca, producto o simplemente se transmite
una información.
El CM tiene la capacidad y el deber de atender a un cliente, de estar
hombro a hombro en la conversación, presentar soluciones o estar en la capacidad de
gestionarla. De esta manera es él quien se convierte en la imagen -no visible- de la empresa,
es quien tiene la responsabilidad de ganarse, afianzar o mejorar la confianza y hasta de pulir
la imagen de la empresa ante "el mercado" que lo observa, ante el mercado que es capaz de
comunicarse y de generar opiniones tanto positivas, como negativas y hacer correr la voz de
su experiencia. O en términos más humanos: echar el chisme.
Las empresas a través de la labor del CM tienen la oportunidad de convertirse en rostros
familiares, en amigos que comparten contenido interesante, en bomberos que apagan el
fuego, que dan soluciones y que los (nos) ven como personas y no como cifras que se
convierten en cifras. Hay que tener en cuenta que la mejor manera de obtener buenas
opiniones y futuras referencias es a través de clientes que se convierten en usuarios y
posteriormente en amigos que a su vez, le darán referencias a sus amigos que se
convertirán en usuarios y posteriormente en clientes. Las estadísticas lo afirman, gran
cantidad de la información disponible en la red de ciertas marcas o empresas ha sido
generada por personas, no por la empresa.
Celzmary Velásquez

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